Dame un toque si me necesitas, pero espero que no lo hagas.

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En uno de esos momentos en los que la cabeza no para de darle vueltas y vueltas a todos tus recuerdos, pensamientos y demás, vinieron a mi unos cuantos pensamientos o razonamientos locos de los míos.

El primero, al que le doy muchísimas vueltas siempre desde que me lo comentaron, es que si una persona te cae mal, a ella le vas a caer mal. Que si te cae en gracia, tú le caes en gracia. Que este tipo de relaciones no son unilaterales, son siempre mutuas. Que no existe eso de: “Creo que le caigo mal y a mi me cae bien” porque, o te mientes a ti mismo y te haces el idiota, o estás malinterpretando a la otra persona. Siempre, siempre, siempre es mutuo. Sé sincero contigo mismo y compruébalo con todas las relaciones que tienes y has tenido.

¿Entonces esto quiere decir que existe química entre las personalidades? ¿Química entre las personas? ¿Es nuestro cuerpo quien nos dice quienes serán nuestras amistades y quienes no?

Cuando me presentan a alguien, a las dos palabras que diga, sé perfectamente si me va a caer bien o no. Y siempre me mantuve en mis trece, utilizando la mítica frase de: “hay algo que no me gusta”. Entonces, ¿soy yo realmente quien escoge las personas que van a pertenecer en mi vida?

El segundo pensamiento es derivado del anterior, y es, ¿que pasa con las relaciones amor-odio? Porque existen. Sí que existen. Igual que dije anteriormente que cuando alguien no me entra por el ojo de mi vida se queda fuera, también he de reconocer que por formalidades de la sociedad y de amistades comunes, siempre hago un esfuerzo por cambiar de opinión (que realmente no cambia), pero acabas conociendo mejor a esa persona y te das cuenta de sus virudes (y también de sus muchos defectos).

Pues bien, creo que la relación amor-odio nace en ese instante, amistades en las que si se pasan más de dos días seguidos con esa persona quisieras estrangularla porque no la soportas, pero que por otra parte, con el tiempo se ha convertido en una amiga. Estás deseando insultarla y criticarla, pero que en cuanto te necesite estarás a su lado para mostrarle tu apoyo (eso sí, pensando siempre en lo coñazo que es). Por tanto, en este caso, por muy poca gracia que me pueda hacer esta amistad, sé que la he escogido yo, y no mi subconsciente ni mi cuerpo.

Y como último pensamiento de mi cabeza vacía, haciendo un batiburrillo de lo anterior, me cuestiono: ¿pasa lo mismo con la elección de pareja?, si te gusta y hay química ¿siente también la otra persona la química?, ¿y si hablamos de enamoramientos? ¿cuando te empiezas a desenamorar de tu pareja, ella también hace lo mismo?

Las personas que sufren del típico síndrome de Edipo o de Electra sabemos que conscientemente no escogen a sus parejas, pero en cambio, cuando se dan cuenta de su patrón, que es lo que falla, son capaces de elegir, siguen sintiendo morbo o “química” por ese patrón, pero finalmente las acaban descartando como parejas. Entonces, ¿es que el gustar y la química que conlleva no la elegimos, pero sí que elegimos de quien enamorarnos?

Y mi mente quedó en blanco, sin neuronas comunicadas entre sí.